Buscar este blog

jueves, 1 de marzo de 2012

Un plus de positivismo

Atreverse a ser diferente

Hoy fue un día particularmente especial: me tomé el atrevimiento de vivir al revés del resto de los mortales.
Muchos sabrán – y los que no les cuento – que hoy arrancamos el mes con paro de Subtes. Los oriundos de esta ciudad sabemos que eso implica un colapso nacional. Sin embargo, eso no fue todo. ¡No, señores, no!
Ayer me fui a dormir muy cansada y con esa sensación de necesitar un buen abrazo que no había, por otro lado. Pero no importa, sin abrazo, con dolor de cuerpo y con la certeza – gracias a Crónica TV – de que no iba a haber subtes a la mañana siguiente decidí cerrar los ojos y dedicarme a descansar.
Sonó el despertador un rato antes de lo habitual y en ese momento, no sólo persistía el dolor en el cuerpo, sino que San Pedro había decido regar las planta bien temprano a la mañana. Cuando vi la calle mojada, escuché los bocinazos de autos, taxis y colectivos y entendí que el paraguas y el impermeable serían mis compañeros de aventura durante ese día, tomé la firme determinación de evitar que el malestar generalizado me afectara, y dibujar una enorme sonrisa en mi cara a lo largo de todo el día.
Y así fue que salí rauda con mis dos amigos inseparables y llegamos a la estación Belgrano R donde iba a incursionar por primera vez en mi vida en la línea Mitre. Las caras llegaban al piso en la boletería y en el andén. El malestar se incrementó cuando una voz masculina, y bastante hosca por otro lado, anunció que el servicio estaba suspendido. Cinco minutos más tarde “el tren procedente de Drago” estaba demorado. Y llegó nomás pero era una lata de sardinas. Entraron algunos apiñaditos; otros decidimos esperar el siguiente que estaba suspendido y luego demorado y luego llegó. Cartera, paraguas y sonrisa a cuestas entré en el no tan lleno vagón. A las dos estaciones, un asiento se desocupó y una sonrisa se sentó en ese espacio.
Al llegar al Banco todo era quejas, comentarios, vituperios en los pasillos, en el comedor, y en Facebook. Yo, por mi parte, feliz de poder seguir con una sonrisa y sin ganas de quejarme.
La vuelta fue más o menos lo mismo. No había subtes, tampoco había ganas de caminar hasta Retiro, pero sí había muchas personas para subir al 152. Y subí, otra vez con una sonrisa. Llegué bastante rápido teniendo en cuenta el tránsito que había; me senté al rato; la sonrisa no se borró en todo el recorrido de mi cara. Pero, ¿saben qué aprendí? No hay nada mejor que ir al revés de la corriente y poder sonreír a lo largo de todo el día cuando no se ven más que ceños fruncidos, estados de Facebook quejumbrosos y mala onda a diestra y siniestra. Eso, no tiene precio para todo lo demás existe Mastercard. 

lunes, 27 de febrero de 2012

Éramos pocos…

Sí, pero no parió mi abuela. Si así lo hiciera, no seríamos pocos; sería un milagro, sin mencionar tamaño avance tecnológico.
Resulta ser que en los últimos meses – más de doce, menos de veinticuatro – gracias a mi gran psicoloca, aka (léase also known as) Ana Leticia Palacio fui descubriendo una serie de datos asombrosos. Me fui descubriendo. A pesar de haber pasado toda mi vida conmigo misma, puedo afirmar sin titubear que no me conocía ni un poquito; era casi una ciencia oculta para mí misma. Casi dos años, meses, semanas, días y horas en esa silla más incómoda que los asientos cremita del subte y más dura que las gradas del Luna Park invertidos en autoconocerme.
Fue y sigue siendo un camino espinoso. Pasé por alegría, tristeza, angustia, parálisis, risa y llanto todo en el mismo consultorio. Descubro día a día cuáles son mis debilidades, cuáles son mis fortalezas, qué debo modificar, qué hago bien. Sigo comprendiendo por qué soy como soy, por qué debo cambiar, a quién me parezco y a quién debo imitar.
Es sabido que el gen Seoane pasó de generación en generación pero a mí me tocó un porcentaje más que generoso. De ahí proviene gran parte de mis traumas. De los más relevantes, puedo destacar la hiperactividad e impaciencia heredada de mi abuelo Tito, el orden – casi obsesivo en mi caso – imitado de mi Sr. Padre. De ambos tengo mucho; de ambos quisiera haber heredado las características más positivas.
El otro día, así, sin quererlo, sin buscarlo reparé en otro traumita. Resulta ser que mi padre, cada vez que se le pide que cuelgue un cuadro, repisa, estante o lo que sea, tiende a hacerlo siempre a dos metros sobre el nivel del mar; ahí mismo donde nadie alcanza nada. A menos, claro está, que estemos hablando de algún jugador de Básquet o el récord Guinness en altura. Sin embargo, mi padre no califica en ninguna de las dos categorías.
Fue así como el sábado, luego de casi doce meses, terminé de deshacerme de la última caja que quedaba de la mudanza. Debo reconocer que tenía puras pavadas como ser un aplique de luz y cuadros varios. Y así fue que martillo y clavos en mano, comencé a colgar uno a uno los marcos. Y siempre que presentaba el cuadro para ver cómo quedaba, nunca superaba el metro setenta y dos que acusó el centímetro en la última medición el pasado 16 de febrero de 2012. Siempre, siempre, siempre, casi indefectiblemente, el cuadro quedaba presentado a la altura de mis ojos y, posteriormente, colgado a esa misma altura. Ahí descubrí que cada vez que veo una foto, cuadro, estante o lo que sea que haya colgado mi padre, tengo que elevar el mentón unos diez centímetros hacia el norte para poder mirar hacia arriba.
Éramos pocos…y sí no parió mi abuela pero sí he descubierto un nuevo trauma, otro motivo más para pasar varias horas de mi vida en esa incómoda silla de cuero y dura como el hormigón más resistente. 

 Fotos recientemente colgadas y el piso está bastante cerquita

martes, 21 de febrero de 2012

Comenzar...

Read & Learn

Hoy te voy a explicar lo que es un regalo. Un obsequio, un presente o – como ya lo mencioné – un regalo es la “entrega de un objeto sin requerir algo a cambio”; es la “manifestación de afecto dirigido a otro”.
Personalmente, creo que un obsequio es eso: la “manifestación de afecto” hacia otra persona; decirte cuánto te quiero, cuánto pienso en vos y cuánto me importás a través de un objeto que por alguna razón me hizo pensar en vos; mucho más de lo que lo hago habitualmente.
En teoría, esto es un regalo. La práctica, obviamente, cambia. El hecho de hacer un regalo para mí encierra dos connotaciones. La persona que regala puede estar queriendo cumplir con una convención social o, simplemente, lo hace porque esa acción le genera placer y sabe que va a lograr el mismo efecto en la persona que recibe ese obsequio. Algo así como dar para recibir.
Adoro hacer regalos, pero sólo cuando están dentro de la segunda categoría. Regalar por cumplir con una convención social para mí no es regalo; es cumplir con una obligación como pagar las cuentas, ir a trabajar o no robar.
Bueno, ahora ya lo sabés. Te dejo un tarea: pensá qué hiciste en los últimos tiempos y podrás concluir qué tipo de regalo recibiste. ¡Lindo acertijo!



viernes, 17 de febrero de 2012

Para mí, simplemente Cloti

Hace unos poquitos días, Cloti nos dijo a todos “hasta pronto”. Perdió la pulseada contra el cáncer a pesar de todo pronóstico; pronóstico médico no, el propio porque ella hasta último momento batalló y le dio la espalda a las estadísticas y a las opiniones.
La verdad que si tuviera que describirla no tendría palabras. Pero no las tendría porque casi no la conocí. Había escuchado nombrarla, sabía que era una de las amigas de DT de mi tía Ale, pero hasta ahí llegaba mi conocimiento sobre ella. La primera vez que – conscientemente - la vi fue en la confirmación de Nicanor y Rosario, y me llamó la atención que una señora, que intuía que era amiga de Ale, me saludara. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue la peluca que llevaba puesta. Cuando finalmente mis neuronas hicieron sinapsis, me acordé que Cloti estaba recuperándose de un cáncer y deduje que era ella.
Algunos podrán pensar que esta enfermedad es cruel. Yo a veces también lo pienso. Perdí a mi abuelo de cáncer y lo vi desintegrarse. Y si bien el cáncer no fue - lo que se dice - bondadoso con ella, la vida antes le puso en su camino unas amigas tan pero tan gloriosas que estuvieron a su lado incondicionalmente hasta último momento.
Recuerdo llamar a Ale para hablar sobre las pavadas cotidianas y que mi tío me dijera “te llama en un rato porque están haciendo una cadena de oraciones por Cloti”. Y sí: este cachivache y sus amigas, cada una en su casa, se ponían a rezar todas por su amiga, a la misma hora, por el mismo canal. Juntas haciendo fuerza para lograr su recuperación. Y un poco lo lograron y además la acompañaban, se alegraban con sus progresos y se entristecían con sus recaídas.
En las últimas semanas, todas, algunas, las que podían, cuando podían, organizaban sus cronogramas diarios para pasar un rato a la tarde para visitarla. No sé quién es quién pero sé de Andrea y Marta (que son las que más conozco), Patsy, Lina, y algunas otras que las vi pero no puedo relacionar nombre con cara, que  también planificaban sus agendas y priorizaban dedicarle un rato a Cloti. Todas estuvieron a su lado hasta último momento, haciéndola reír, ayudándola a que las horas pasasen más rápidamente, a las carcajadas o más calladas los últimos días, viendo cómo comenzaba a despedirse.
Algo bueno habrá hecho Cloti en esta vida que tuvo tantas personas que la quieren y a la que le dijeron “hasta otro momento” con mucha tristeza. El lunes hablé con Ale y, la verdad, está hecha un perejil. ¡Mirá, Cloti, si habrás dejado una huella en la vida de esta mujer! Sabemos que es imparable, que es hiperquinética, que ni los dardos de Daktari o el Prozac consiguen bajarle las revoluciones a Ale. Sin embargo, ese día estaba triste y también un poco cansada.
Si les digo que casi no la conocía, no les miento; ni siquiera sé su apellido. Repito: para mí fue simplemente Cloti. Para Ale y sus amigas, también fue Cloti, su amiga. Cloti a la que cuidaron con ternura, a la que acompañaron en todo momento, a la que hicieron reir, con la que hicieron fuerza para que se recuperara.
Cloti, estás en un lugar más tranquila pero sabé que te fuiste de acá con lo mejor que te podías ir: tuviste y seguís teniendo las mejores amigas del mundo. ¡Ahora, a pasarla bien desde allá arriba!


martes, 14 de febrero de 2012

A pesar de todo, hago mi homenaje a SV

Una mañana agitada, a las 8:30, un señor mayor de unos 80 años, llegó al hospital para que le retiraran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado  y que tenía una cita a las 9:00 am. El doctor le pidió que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora. Lo vio mirando su reloj y decidió examinar su herida. Mientras lo curaba le preguntó si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor le dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. El doctor le preguntó sobre la salud de ella: él le respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Le preguntó si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Le respondió que hacía tiempo que ella no sabía quién era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo. El doctor sorprendido entonces le preguntó: 'Y usted sigue yendo cada mañana, aún cuando ella no sabe quién es usted?' El sonrió y le dijo:"Ella no sabe quién soy, pero yo aún se quién es ella y la amo." Al doctor se le erizó la piel, y tuvo que contener las lágrimas mientras el señor se iba, y pensó, "Ese es el tipo de Amor que quiero en mi vida. "El Amor Verdadero no es físico, ni romántico. El Amor Verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no será en la vida". La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo; ellos sólo hacen todo, lo mejor que pueden. La vida no se trata de sobrevivir a una tempestad, se trata de saber cómo BAILAR BAJO LA LLUVIA!!


PD: Simplemente, porque la historia es bellísima. Elijo pensar que es verdad.

sábado, 4 de febrero de 2012

Chichis 2.3.4 Gingerbread

El viernes 3 de febrero de 2012 es un día para recordar, una fecha que quedará marcada por el resto de la vida, un hito en la historia de la humanidad. Dentro de algunas décadas, algún presidente o presidentE argentino, vago de turno, ávido por encontrar días de ocio y relax sin fundamento de peso lo decretará feriado y conmemorará el día en que mi Sra. abuela – Angélica Noemí “Chichis” Cambas de Seoane – abrió una cuenta en Facebook (léase feisbuc).
Los libros de historia relatarán a posteriori el maravilloso logro tecnológico como una hazaña sin precedentes. En los días previos, contarán cómo Chicha se amigó con ese aparato estruendoso y desconocido para incursionar en el arte de jugar al solitario de una manera un poco más moderna. Esa estrategia fue seguida por la creación de una cuenta Gmail con el objetivo de acercar a la heroína a la tecnología 2.0 y de que dispusiese de la comunicación e intercambio de misivas del siglo XXI.
Sin embargo, los historiadores concordarán que este hecho impensado no terminó allí; no, señores y señoras (¡cómo impone esta muchacha el uso del masculino y el femenino!), dado que a los pocos días y sin causa letal aparente, Chichita tomaría la determinación de abrir una cuenta en Facebook. Los manuales relatarán la importancia de esta red social en la vida durante esos años. Tiempo después se sabrá que detrás de toda esta hazaña hubo una autora material: Nora Mabel Seoane (hija de la victoriosa prócer), cerebro de todo este movimiento en pos de la tecnología.
En relatos biográficos ulteriores, se contará cómo Chichis no sabía ni qué era una computadora, cómo se encendía, qué función cumplía en los hogares ni en las vidas de las personas. Describirían sin piedad que ni osaba acercase a la computadora, que desde hacía más de una década estaba en su casa, ni para pasarle un plumero.
Del mismo modo, manuales y estudios con un abordaje más social narrarían con detalles meticulosos la reacción de nietas y contacto de ésta ante tamaña novedad. Algún manual relataría la sorpresa inaudita de las susodichas al ver en sus notificaciones que su abuela les pedía solicitud de amistad; y hasta que una de ellas – de vacaciones con su prole en las proximidades de Río Hondo – intentó reprogramar su vuelta y ser testigo de un hecho tecnológico sin precedentes.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Catársis II

Siguiendo con la misma tónica de hacer descargos públicos por este medio voy a aprovechar la oportunidad de decirle a mi santa abuela:

Querida Chichis:


En el marco de los eventos desarrollados en la noche de ayer, si querés saber cómo y dónde están mi hermana (tu nieta), mi sobrina (tu bisnieta) y mi cuñado (tu nieto político), PREGUNTALES a ellos directamente.
Me molesta, me fastidia, me ROMPE SOBERANAMENTE LAS BOLAS, en términos más coloquiales, que me llames a MÍ para ver cómo anda mi hermana y su prole.
Gracias a Dios, a la virgen, a Lucifer, a Bill Gates, a Steve Jobs y a algún otro chitrulo enfermito de la tecnología hoy contamos con celulares, computadoras, teléfonos de línea (no nos olvidemos de este obsoleto aparato que tanto esfuerzo le llevó a Graham Bell inventarlo;¡ no seamos ingratos, por favor!) para que puedas ponerte en contacto con Vicky y saber si están bien, si algún tifón se los llevó volando, si la están pasando bien en sus merecidas vacaciones.
Si querés hablar, si estás aburrida, si necesitás escuchar una voz familiar del otro lado del cable, me podés llamar y podemos hablar, hasta quizás podamos ir a tomar algo juntas pero para hablar de mí o, en el peor de los casos, del Centro de Jubilados, pero, bajo ningún punto de vista, voy a seguir fomentando esta conducta tuya de preguntarme a mí lo que deberías preguntarle a Victoria.


Sin más, te saluda muy afectuosamente.
Tu casi-absolutamente-intolerante nieta

Catársis I

Voy a hacer uso de este espacio para hacer catársis y dejar explícitamente asentado que:
1. me molesta astronómicamente que me cambies de planes tres veces por día.

2. no me siento cómoda con el hecho de que se autoinviten a mi casa. Si no lo hice, es porque no me surgió la necesidad de tenerte invadiendo mi espacio personal.

3. me cansa, me agota física y psíquicamente tener que complacerte y tratarte con delicadeza para que no te sientas herido. ¡Ya estamos grandes! Todos tenemos nuestros mambos psicológicos, pero yo no me puedo hacer cargo de tus rollos. Te sugiero un terapeuta; un profesional de la salud mental. Para eso ellos invirtieron pilas de años: para tener las herramientas necesarias para darte una mano o varias con tus traumas. Yo, por mi parte, agradezco a Dios y a Ana Leticia Palacio que puedo con los míos; que no son pocos por otro lado. Get over it! Desde el 2007 que me ponés en este rol (y yo me dejo, detalle no menor) y, sinceramente, mi paciencia llegó a su límite.

4. que se caguen en los demás (y ni te cuento si eso está íntimamente relacionado con invadir my inner space y cambiarme los planes a diestra y siniestra). Dejame que decida yo cuándo y quién entra y sale de mi casa.

Agradezco este espacio; este momento. Apreciaría sobremanera que se me respete. ¡He dicho!

martes, 31 de enero de 2012

Manual del Pucho – Volumen II

Retomando el tema de los cigarrillos (ver post Según el cristal con el que se lo mire), yo sigo aumentando mis conocimientos en esta materia.
Otra vez Anto me encargó que le llevara cigarrillos camino a su casa. No sólo me molesta sobremanera ir a comprar estos desagrables tubitos blancos que – dicho sea de paso – son perjudicial para la salud Ley Nº 23.344, sino que debo soportar las burlas ante mi ignorancia sobre las especificidades del tema.
Por suerte esta vez me llamó, en vez de acudir al ambiguo mensaje de texto. Y así se desenvolvió nuestra charla:

A: “Dolo, ¿pasás por un quiosco y traés un Malboro Box y un Camel Box?”
D: Bueno (con resignación). ¿De 10 o de 20? (Ingenuamente)
A: Ayy, Dolo (Divertida). Si es Box son de 20

Si tengo que encontrar la parte positiva de todo este asunto, puedo decir que supe enseguida que estábamos hablando de cigarrillos. De las risas y burlas no me hago cargo. Sé que voy profundizando mis saberes en esta área. It´s all that matters!

lunes, 30 de enero de 2012

¡Qué te calles!

Señora mamá, señor papá (aunque menos frecuente) en este sencillo pero emotivo escrito, le voy a pedir encarecidamente un favor.
No es raro que durante los meses estivales, mamis y papis, lleven a sus pequeños retoños a trabajar con ustedes al Microcentro. ¡Qué linda experiencia para una criatura! Todo es una aventura: despertarse temprano, viajar en algún transporte público como colectivo, subte o tren para los más osados o los menos acaudalados, y finalmente llegar a la oficina para vivenciar cómo es un día de trabajo. Es como ir a un parque temático pero en vez de ver a Mickey, sus amigos y su casa, conocemos al jefe y compañeros de mamá o papá, sacamos fotocopias y aprendemos cómo utilizar una abrochadora sin mutilarnos un dedo.
Ahora aquí está el motivo de mi llamado a la solidaridad: si va a llevar a su querubín al Microcentro y decide viajar en subte, le pido por favor, le ruego, le imploro que se asegure de que el niño o la niña no hable como loro bajo los efectos del Prozac en las escaleras del subte; menos aún si el día elegido es el lunes.
Hoy al salir del subte reparé que una vocecita penetraba en mi tímpano hasta hacerme odiar el proceso psico-fisiológico que proporciona la capacidad de oír. Creí morir, creí que el diablo brotaba de mi cuerpo y estrangulaba a la dulce personita. En este caso en particular, pude controlar mis impulsos asesinos y evitar una muerte tan temprana. Sin embargo, y dado la acumulación de cansancio que estoy experimentando últimamente, no le puedo asegurar que en una futura oportunidad pueda domar la fiera que llevo adentro.
Quedan debidamente notificados.

sábado, 28 de enero de 2012

Sobrevivir

Hoy leí una frase que me impactó:

"Un Cáncer no es para sufrirlo; es para superarlo"


¡Qué buena conclusión! Debería escucharla todo aquel que es diagnosticado con esta enfermedad en cualquiera de sus variantes. Sin embargo me pregunto ¿qué pasa con aquellos que no lo superan? ¿Y por qué no es así?
Hace casi dos años mi abuelo Tito dejó de sufrir y no superó un cáncer de colon; hoy Cloti, una amiga de mi tía, un “sol” según sus amigas, está a punto de perder la batalla.
Son interrogantes sin respuesta, esos misterios de Dios que no tienen explicación.
A los que quedaron o están por quedar en el camino, no tengo más que decirles que su lucha es admirable. A todos, mi reconocimiento y mi más profunda admiración. Para todos ustedes son estas palabras; ustedes se lo merecen. 

jueves, 26 de enero de 2012

Tengo la manzana, digo la cabeza, rodeada


Una fría mañana de junio de 2003, en medio de una Gastritis, descubrí mi primera cana. ¡Qué momento más duro! La vida me estaba cacheteando por partida doble: no sólo me dolía el estómago hasta doblarme en dos, sino que mi cabeza estaba dando cuenta del paso del tiempo por medio de las canas; esos indeseables cabellos blancos.

Alguna otra mañana, tarde o noche, fría o calurosa, de algún otro año ese maldito pelo se había reproducido en mi oscura cabellera. Al principio, se mantenían escondidas en las capas inferiores de mi melena. Con el tiempo, un par de las más atrevidas nacían sin tapujos en la coronilla de mi cabeza, y tan derechitas las muy descaradas que parecían cualquier cosa menos un pelo; llegué a pensar que la Ley de la Gravedad no tenía efecto en esos incipientes cabellos blancos.
Ya estamos casi mediando el primer mes de este nuevo 2012 y las muy rebeldes no me dan tregua. Las veo a lo largo de mi cabellera, en la coronilla, en las capas inferiores, en el flequillo, y hasta en las cejas y el bozo. Ésto sí que fue un baldazo de agua fría: un pelo blanco en el entrecejo y los bigotes. ¡Sunescándalounabuso!
Como si fuesen pocas las decisiones que no puedo tomar – dónde y cuándo irme de vacaciones, sacar o no el pasaporte, comprar o no un ventilador de techo – ahora también me tengo que ocupar de resolver cuestiones como si teñirme o no, qué color elegir, lo hago yo o con la ayuda de algún alma caritativa como ser mi prima Rochi o mi amiga Sole, o pago un peluquero para tales fines. ¡Esto es demasiado! Otra vez, las canas serán tema de diván. A veces pienso que para Ana (Leticia Palacio, aka la psicoloca) tenerme a mí de paciente es como un Spa. ¡Debe haber tanto loquito que entra y sale de su consultorio con temas más graves que las canas! Pero, en serio, público lector, es un tema que me quita el sueño, que me paraliza, que me cuesta resolver.
Me cuesta encontrar la salida porque me niego a caer en la rutina de teñirme cada 3, 4 o más semanas; me niego a tener que ver cómo se ensanchan las raíces; me niego, simplemente ME NIEGOOOOOO. Juro por Dios, Alá, Adonai y Lucifer que la pilotée hasta cuanto pude. Me puse tope máximo los treinta; pasé los treinta triunfalmente y llegué a los treinta y uno invicta; encontré el cloro de la pileta como aliado para no recurrir a la tintura; lo probé todo. Sin embargo, como el Reduce Fat Fast de Jorge Hané o los Easy Step, los milagros no existen y para este caso tampoco. Si querés deshacerte de los rollos, cagate de hambre y mové las cachas; si querés disimular al enemigo blanco, teñite vos, tu prima, tu amiga o dejá parte de tu sueldo mensualmente y colaborá con la economía del bendito peluquero a cambio del servicio prestado.
Las muy degeneradas siguen apareciendo y me siguen recordando a diario el hostil paso del tiempo; me siguen recordando que tendré que pedir ayuda aunque no quiera; me siguen recordando la fiaca que me da todo esta franela de la tintura. Las muy descaradas repiten a diario por medio de su presencia que...me tienen rodeada.

Veinte años... ¿no son nada?

Hace unos meses, descubrí que la cabecita blanca que aparecía en Facebook y que llevaba el mismo nombre que mi maestra de inglés de 6°grado, correspondía a mi maestra de inglés de 6° grado; efectivamente era Gilda Irsius.
Salí del interrogante porque le envié la solicitud de amistad, mensaje mediante para cerciorarme de que no estuviera agregando a alguna asesina serial, una estafadora virtual o algo por el estilo.
Hace unos días, la volví a contactar por mail para hacerle una consulta turística porque está viviendo en Panamá con su familia.
De la época en que éramos maestra-alumna, ya pasaron veinte años. ¡A la pelota! A veces me cuesta creerlo pero sí, señores, pasó esa cantidad de tiempo. Y desde que la contacté que no dejo de tener flashbacks de aquellos tiempos.
Mi primer gran recuerdo fue mi conducta; mi pésima conducta. Queridos lectores, siento vergüenza de pensar en lo mal que me portaba en esos tiempos. Si mal no recuerdo, terminé ese año lectivo con aproximadamente cincuenta malas notas. Todas ellas, hacían referencia a los mismos actos de vandalismo: “Dolores fue observada por arrojar papeles”; “Dolores fue observada por conversar en clase”; “Dolores fue observada por contestarle a su docente”. Después si bien la sintaxis de las notas cambió, sólo fue para ahorrar tinta y optimizar el tiempo aunque el contenido de los llamados de atención eran medianamente iguales: “Observada por arrojar papeles”; “Observada por conversar en hora de lectura literaria”; “Observada por esto”; “Observada por aquello”, pero siempre observada por alguna macana.
Los años pasaron, veinte en total. Ya no tengo cuaderno de comunicaciones, mamá ya no pregunta si tiene que firmar alguna mala nota al llegar del trabajo, ya no está Gilda llamándome la atención a diario. Algunas situaciones cambiaron; no muchas, no se crean. Ahora el lugar de Gilda lo ocupa Marina, no tengo cuaderno donde plasmar los llamados de atención, sólo tengo reprimendas orales, pero las observaciones continúan. Ahora son por lanzar vituperios indiscriminadamente al aire en la oficina, poner cara de pocos amigos a cuanto chitrulo me saca de mis casillas por preguntar obviedades o sinsentidos.
Me sigo asombrando de estos veinte años; me sigo asombrando de que pasaron los años pero las mañas quedaron. Mañas un poco cambiadas, contextualizadas a mi realidad actual pero mañas al fin.

PD: en esta foto, estaba comenzando preescolar; acá sí era buena, callada y sumisa. La debacle sucedió 6 años después, pero la foto lo vale. 

martes, 24 de enero de 2012

Nunca salga sin ellos; como la Amex

Cuando decidí escribir seriamente en este blog (Ver post "Resolución del año"), prometí llevar conmigo lapicera y anotador para ir tomando nota de cuanto pensamiento, anécdota o aventura sucediera a mi alrededor.
Debo confesar que con el paso de los meses, la venida del calor y la acumulación de años, a veces se me hace trabajoso cargar con los adminículos. Sin embargo, nunca falta en mi cartera o mochila una lapicera y un post it o un volante o pedazo de papel en el cual pueda registrar el tema de mi próximo post.

Hoy yendo a cenar con amigos del Banco, se me ocurrieron tres temas; así de la nada. Antes de llegar a la casa de Anto, ya se me había ocurrido el cuarto. Todo quedó debidamente registrado en mi Post it. ¡Qué sería de mí sin ellos!
Ahora que lo pienso, también cuento con el celular. Debo ser una escritora a la vieja usanza; rara vez se me ocurre anotar en él mis futuros temas de reflexión.
De todas maneras, recuerde: como con la American Express, nunca salga sin ellos.

miércoles, 18 de enero de 2012

...y a Dios lo que es de Dios

Querida Hermana mía:

Retomando este tópico en el que me embarqué hace unos posts atrás, debo pedirte encarecidamente que empieces a asignarle a las personas roles específicos según las habilidades que cada uno posee.
¿A qué se debe este pedido? A tu marido. Sabés que es un gran compañero de ruta, que es un excelente padre pero el pobre chico no posee determinadas habilidades. Mandarlo a comprar ropa de nena solo, sin el consentimiento de una mirada femenina, sin la palmada aprobatoria en la espalda tuya, de su madre, su suegra o – en el peor de los casos – una vecina es una de éstas. ¡Una locura con mayúsculas!
Ayer – martes 17 de enero de 2012 – te fuiste sin más al médico y nos dejaste cual séquito privado de mayordomo y doncella a Ale - mi cuñado, tu marido, el padre de tu hija - y a mí al cuidado de la chiquita. Como buena cuñada piola, me ofrecí a llevarme a Valen a lo de Chicha – la bisabuela en cuestión - mientras Ale se iba a elegir unos CDs y a aprovechar un poco estar él solito y su alma. Algo así como un retiro espiritual pero con él mismo, con su otro yo y dejar de lado los cuestionamientos existenciales femeninos, el gran problema todavía sin solución de los pañales o las canciones de Adriana.
Sin embargo, la vida no siempre es tan generosa porque, hermana querida, lo mandaste sin piedad a comprarle una musculosa rosita a la pequeña. Ante esa cara de preocupación, de desconcierto, de ultrajo a la libertad masculina, me vi en la obligación de ofrecerle mi ayuda y guía incondicional para ir a Cheeky. Primera escala: Musimundo. Le di tiempo y espacio suficiente para que eligiera sus CDs mientras Valen y yo mirábamos los infantiles. Si bien no encontró nada de su agrado, terminó comprando un DVD para la chiquita malcriada. Repito: es un excelente padre y esto es otro ejemplo de ello.
Segunda parada: Cheeky. Por orden de aparición, Valen, yo y atrás Ale ingresamos al local. En seguida se acercó una vendedora y amablemente le preguntó “Sí, ¿te puedo ayudar en algo?”. Me pregunto porqué se le acercó directamente a él. ¿Le vio cara de adinerado? ¿Le tenía ganas? ¿Me vio pinta de indigente? Las dos primeras cuestiones no me preocupan tanto como la última. Espero que no haya sido eso lo que motivó a la amable vendedora. Espero que no te ofendas con mi comentario pero ¡qué tupé de pensar que estoy al borde de la indigencia el de la vendedora!
A esa pregunta este pobre hombre desamparado en un negocio que exudaba estrógenos por doquier respondió con cara de desconcierto “ehhhh, una musculosa rosa pero...preguntale a ella” (y el dedo acusador iba directamente dirigido en mi dirección).
Ahí entró Tía Dolo “to the rescue”; al rescate del guardarropas de la nena pero, principalmente, al rescate de un hombre sumamente dubitativo.
El proceso después fue bastante simple: elegimos musculosa, descartamos shorts y bermudas, elegimos un vestido. Con sumo respeto, elegí las prendas pero consultaba costos y chequeaba con la chiquita que le gustara aunque a todo me contestó con su característico “no quere”, bien enfático e imperativo si vale la aclaración.
Querida hermana, sabés que te quiero, que te respeto pero sabé una cosa: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Te dejo dos recomendaciones: la ropa de nena la comprás vos o cómprenla juntos y, por favor, dale a este hombre un pibe, una personita de su mismo género, un varón y después sí mandalo a comprar pero unos botines o una pelota de fútbol, o unos calzones de Batman. Es un consejo; manejate pero pensalo.

Te saludo muy afectuosamente
Dolito

miércoles, 11 de enero de 2012

El vaso medio lleno

El día de la fiesta de fin de año del Banco, me junté con unas amigas antes de ir para La Rural a terminar el 2011 laboral a pura diversión.
Como pocas veces ese sábado no había hablado con mamá por teléfono en todo el día. Es por eso que unos minutos antes de salir la llamé para reportarme como suelo hacerlo casi a diario. A pesar de que ya era más de las 8 pm, no la encontré en su casa. Salí corriendo porque ya estaban reclamando mi presencia cuando me acordé de madre y decidí llamarla desde mi celular.
El teléfono sonó unas cuantas veces pero mamá nunca atendió; la llamé a su celular y tampoco tuve suerte. Me llamó poderosamente la atención que no estuviera ni en su casa ni en el celular.
Debo reconocer que me preocupé. Mamá no es la persona más saludable del planeta; de hecho es bastante “delicagadita” del corazón y los pulmones. Sin embargo, opté por no dejarme invadir por la preocupación. En el caso de que le hubiera sucedido algo preferí enterarme al día siguiente y poder disfrutar de la fiesta con mis amigos del trabajo. Y así fue como acuñé mi propia definición de optimismo: elijo ver el vaso medio lleno y pasarla bien.
¡Gracias, Mamucha, por llamarme dos minutos después y confirmarme que estabas bien!  

viernes, 6 de enero de 2012

¡Mucho por tan poco!

Éstas son las cosas que me maravillan: con tan poco pero con mucha astucia logran sacarme una sonrisa.

A quién corresponda le agradezco de todo corazón porque fue el responsable de que termine la semana con una gran sonrisa.

domingo, 1 de enero de 2012

Como para empezar, esta reflexión


Keep it simple is one of my 2012 resolutions!

Mediando el día

Ayer prometí pensar mis resoluciones para este año que recién, recién comienza. Para ser sincera, es una de las tantas cosas que no puedo hacer; como decidir dónde y cuándo me voy a ir de vacaciones.
Sí llegué a la conclusión de que mi resolución va a ser no planificar nada, simplemente ir viendo qué me depara el destino; ir jugando las fichas a medida que las vaya necesitando. Sí decidí que voy a seguir haciendo terapia con la más grande de todas: Ana Leticia Palacio.
Sí estoy empezando a decidir que voy a volver a la rutina de psicoloca una vez cada quince días. Sí estoy segura de que quiero pensar bien cada elección que tome. Sí sé que quiero hacer de este año un año alegre, productivo e inolvidable. Probablemente retome mis clases de Tap.
Por ahora eso es todo lo que pude decidir. Veremos en qué termina. ¡Ah! Me olvidaba: también voy a continuar llenando este espacio con anécdotas y sensaciones de mi vida diaria.
Vamos para adelante y a conquistar nuevos horizontes en este 2012 recién salidito del horno. 

sábado, 31 de diciembre de 2011

Misión cumplida

Me propuse escribir e ir llenando este blog – idealmente – una vez por semana. Objetivo logrado.
No sé si logré el resto de mis pendientes; creo que varios siguen en el tintero para el 2012, pero éste lo cumplí.
Me alegra porque, verdaderamente, escribir me encanta. No sé si seré una bestselling author algún día pero estoy contenta con estas anécdotas que fui contando en estos meses.
Las resoluciones para el 2012 las planearé mañana; en el 2012. Por hoy, ya es suficiente. ¡Feliz 2012! Un año lleno de paz y armonía para todos.
Será hasta el año que viene J

Un año para recordar

No soy fanática de los balances de fin de año. Éste, sin embargo, tiene un saldo positivo en lo que a mí respecta.
No fue todo color de rosa; hubo altibajos. Así y todo, puedo decir que fue un buen año. Entre varias lecciones, rescato la siguiente:


jueves, 29 de diciembre de 2011

Buena señal…

…de que algo está bien. Eso es lo que estoy empezando a corroborar. Hoy jueves 29 de diciembre, me tomé mi último día de vacaciones pendiente de 2010.
Sin apuro me desperté y al ratito sms de Mechula que rezaba: “por favor! Por no venir hoy te perdiste de disfrutar con la belleza que tengo al lado! Si!!! Es Leila!!!
Ayer me junté a cenar con algunos de mis amigos del trabajo y estuvimos cuereando a una de nuestro sector y a su retoño. Hoy, como invocada, aparecieron las dos y yo…me la perdí!!

Lo anecdótico es que no resistí y llamé a la oficina para hablar con Mechi y después con Luchy. Juro que quería estar en la oficina en vez de en mi casa.
Eso es una buena señal; claro que sí. Cuando preferís estar con tus amigos en el trabajo y no en tu casa, es síntoma de que la pasás bien en tu trabajo. Sigamos así, entonces.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Un día de paseo… ♪♫♪♫♪♫♪♫

El martes 20 de diciembre, aprovechando mis dos días de vacaciones, salimos a pasear con Valentina. Y para tales fines ¿qué mejor que llevar a una criatura de dos años y nueve meses a conocer el microcentro? No, claramente la idea fue insuperable; más si le sumamos un dato de color: hacía al menos 30º C.
Todo comenzó apenas pasado el mediodía en Paternal. Fui a buscar a la pequeña a su casa y de ahí nos tomamos el colequivo; el azul o el 105 rumbo al centro. La niña iba feliz, saludaba a todos los colectivos que pasaban y miraba a diestra y siniestra.
Bien a mi estilo, le dimos un toque pedagógico al viaje y le preguntaba de qué color eran los colectivos y los vehículos, quién veía un auto… (completar la frase con el color de su agrado). Realizamos todo ese viaje casi infinito desde La Paternal al microcentro para ir a visitar a Abi a su oficina. Cabe destacar que Abi es mamá, o sea, la abuela de Valentina.
Durante el viaje pasamos por la Plaza de los dos Congresos. ¡Ay, qué contenta se puso! Valentina; no Abi. Estaba chocha y dijo “Mirá la plaza. Hay calesita, hamaca, tobobán, subibaja”. Me maté de risa y contesté: “Ponele. En ésta hay piqueteros y mugre”, pero en términos generales las plazas tienen todo lo que Valen mencionó.
Llegamos a Plaza de Mayo y ahí fue nuestra parada. “Mirá las banderas”, repetía incansablemente. Quedé maravillada de cómo sabe, de cómo aprendió y aprende, y de cómo reconoce los símbolos patrios.
Después de estos tres hitos parecíamos recién llegadas de González Catán. Un detalle importante es aclarar que Valenchuchi nació en Barrio Norte, se cría en La Paternal y frecuenta asiduamente Belgrano. No, digo…no es que vive en un Tupper; tiene CCV (i.e. calle, cordón y vereda) para su corta edad. Sin embargo, creo que a esta edad todo le sorprende.
Finalmente, llegamos a Sarmiento y Reconquista a visitar a Abi, quien gentilmente nos estaba esperando en el lobby del edificio. Pasamos por los molinetes y éste también fue un hallazgo para la chiquita. Nunca vi a Valen tan contenta. A pesar de mi pronóstico – cara de totó los primeros veinte minutos a cuanto se le acercara – saludaba y sonreía a cada uno que veía. A la vieja se le caía la baba cada vez que alguien le decía “ay, ¿es tu nieta? Es hermosa”. Todavía anda bastante ancha del orgullo y tiene que pasar de costado por las puertas.
Ahí nos quedamos un ratito y, souvenir encanutado, nos fuimos a comer a Mc Donald’s. Vale aclarar que hice todo este quilombete para garronear un almuerzo. Sí, soy buena hija y mejor tía pero todo tiene que tener su recompensa y si no es en esta vida, que al menos sea en la otra pero que haya alguna. Y una vez terminado el almuerzo…viaje de vuelta en subte. Ahí iban tía y sobrinas chochas cantando por Florida al son de “Tren, tren, tren; qué tren, qué tren, qué tren”. Se acuerdan de esa frase motivacional que dice “trabaja como si no necesitaras ese dinero, ama como si nunca te hubieran herido, y baila como si nadie te estuviera viendo...” bueno nosotras fuimos cantando como sin nadie escuchara y se diera cuenta de que parecíamos del campo.
El viaje desde Catedral hasta mi estación – Juramento – tiene 15 estaciones; para Valen sólo cuatro porque creo que en Facultad de Medicina me di cuenta de que estaba muy quietita y callada y de que serruchaba a lo loco. La señora que estaba a nuestro lado se reía de cómo raspaba esa criatura. Lamentablemente, se perdió de las escaleras mecánicas; ella porque yo las subí con el paquetito al hombro. Caminé las cinco cuadras hasta mi casa, hice malabares para sacar las llaves de la cartera, abrir la puerta, dejar los bártulos y acostarla. La apoyé gentil y dulcemente en mi cama y ahí nomasito abrió sus ojos. Miraba con cara de preocupación porque no sabía dónde estaba. Me encontró a mí y su sonrisa se dibujó de oreja a oreja. Creía matarla porque no es la primera vez que me hace esto: caminar con ella a cuestas y despertarse cuando la acuesto, valga el juego de palabras. Sin embargo, su sonrisa derrite todo mal en mi corazón.

Ya una vez en casa, vimos una película, jugamos y la bañé. En algún momento me plantée si había sido buena idea llevarla al centro. Creo que fue excelente. Por $2,35 ($1,25 de colectivo y $1,10 de subte) logré hacer feliz a esta criatura durante todo un día. Por mi parte, también disfruté bastante. Nunca me gustó tanto el microcentro como ese día.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Te llevo en mi piel

El 14 de diciembre de 2009 rendí el último final de mi carrera. Después de mucho esfuerzo y mucho más tiempo logré terminar la carrera de Profesora en inglés. 
A los pocos días mi abuela quiso hacerme un regalo y, si bien yo no sabía qué quería, sabía que quería algo que me quedara para toda la vida. Y ahí fue que nació la idea del tatuaje. Gran parte de mi adolescencia y de mi vida adulta rechacé estas marcas en el cuerpo. Mi hermana se hizo uno ya de grande y las puteadas de mi viejo son imborrables en mi mente. 
Cualquiera podría decir que fue un acto de rebeldía tardía pero verdaderamente quería algo que me quedara para siempre y que representara lo que la docencia significa en mi vida.
Una vez resuelto el “objeto”, quedaba decidir el lugar en donde lo haría y qué símbolo me tatuaría. El lugar del cuerpo elegido fue la nuca ya que ahí lo podría mostrar u ocultar según mis ganas y mis necesidades.
Ahora sólo quedaba elegir el diseño. Después de mucho investigar, encontré en internet el significado de la flor de lis y su íntima relación con los principios y virtudes scouts.
La flor de lis es la insignia de compromiso de los Scouts. Los tres pétalos representan tanto los principios – Dios, patria y hogar - como las virtudes – lealtad, abnegación y pureza - de este movimiento. La línea central que divide el pétalo nos refiere al camino recto que se busca en la vida.
Los tres pétalos de esta flor para mí simbolizan la motivación, la perseverancia y la dedicación necesarias para poder ser una buena maestra. La línea central – al igual que los Scouts – se refiere a la rectitud que todo docente debe demostrar a sus alumnos.
El tatuaje está grabado en mi piel para siempre; la pasión por la docencia la llevo en mis genes. María Teresa Viñas Urquiza, mi gran profesora de Lingüística, mi modelo a seguir, condensó en un pequeño discurso lo que pienso, cómo siento y cómo viví la docencia: “When you teach all your personal problems and sorrows are forgotten; when you teach you set in motion what is best in you: values, ideals, passion, love… Teaching turns work into pleasure. Enjoy it.”
Enseñar es mucho más que pararse en un aula frente a veinte niños o más; enseñar es ofrecer una parte de tu vida a la tarea, a acompañar a los alumnos en ese proceso, y a desafiar cualquier tempestad.



martes, 13 de diciembre de 2011

El secreto de mi éxito

Hace unos días escribí una nota sobre mi experiencia como docente (Ver Post Huellas en el alma). El 7 de diciembre, uno de los protagonistas me mandó el más hermoso de los mensajes.

Sergio Ronchi – el papá de Mateo - es una persona que adoro. Él, a su vez, adora a sus hijos pero fue el primer padre en demostrarle a su hijo lo que significa el respeto a su maestra; situación más que extraña en la Argentina actual.

No recuerdo por qué reté a Mateo; sería imposible recordar cada uno de los retos diarios a ese pequeño demonio, pero viniendo de él todo es posible. Sí recuerdo la nota que envió Sergio por cuadernos de comunicaciones; incluso una charla en la puerta del colegio. Palabras más, palabras menos le dejó en claro a su hijo que se jodiera por no obedecerme. Y también tengo grabado que en su mensaje explícitamente decía que tenía todo su apoyo para proceder de esa manera y de cualquier otra forma que considerara prudente.

Mi éxito no residió en ese episodio; mi éxito reside en que tengo gente que de alguna manera u otra me rodea y me escribe palabras tan hermosas como esas. ¡Gracias!

domingo, 11 de diciembre de 2011

Como el perro de Pavlov

Ivan Petrovich Pavlov fue un fisiólogo ruso que llevó a cabo numerosos estudios basados en el Condicionamiento Clásico.  Pavlov acuñó el término secreciones psíquicas, es decir, “las producidas por las glándulas salivales sin la estimulación directa del alimento en la boca”. Este fisiólogo llegó a la conclusión que cuando “en la situación experimental un perro escuchaba las pisadas de la persona que habitualmente venía a alimentarlo, salivaba antes de que se le ofreciera efectivamente la comida; no obstante, si las pisadas eran de un desconocido, el perro no salivaba”.
Bueno, yo no soy Pavlov; disto mucho de serlo porque para empezar soy argentina, no rusa. Valen mucho menos se la puede considerar un perro. Sin embargo, ella me hizo acordar a este fisiólogo y a este experimento. Obviamente, todo dentro de un marco familiar y nada experimental.
Hace unas cuantas semanas, estábamos cenando en la casa de mi abuela como comúnmente hacemos una vez por semana. No recuerdo con detalles qué sucedió ese día pero sí recuerdo que la pequeña estaba particularmente pesada: caprichosa, no quiso comer, no se quedó sentada y caminó durante toda la cena. Su tía, o sea, yo estaba bastante cansada y con pocas energías para tolerarla. Cuando mi paciencia llegó a su límite, me levanté de la mesa y le propuse ir a buscar el postrecito. Nota de color: en casa de mi abuela puede faltar cualquier cosa menos el jugo Cepita o el postre “para la nena”.
Allí fuimos a la cocina en busca de algún Shimmy, Danonino o dulce de Batata. Espontáneamente, nació un juego. Ella paradita enfrente mío; yo atrás de la puerta de la heladera abierta. Entonces, yo sacaba cualquier alimento y le preguntaba si quería eso que le ofrecía pero que no era su postre. Valen contestaba con un musical “nooooo”.
Eso fue todo. Finalmente, llevó su Shimmy a la mesa y ahí terminó. Hace unos quince días fuimos nuevamente a cenar a casa de mi abuela. Comimos empanadas, improvisamos un jugo porque esta vez no había y…el momento del postre. Dado que habíamos ido de compras a la tarde con Valen y mi hermana, y hacía un calor desmesurado, realmente estaba cansada. Valen también, pero eso no fue motivo para ir a la cocina en busca del postre y jugar un rato. De la manito me llevó, se paró en el rinconcito predeterminado y comenzó la diversión.
Mi pequeña no es el perro del experimento de Pavlov; pero sí es muy estructurada y, lo que para mí fue algo de un momento, ella lo internalizó como parte de la cena.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Según el cristal con el que se lo mire…

El sábado pasado iba caminando a la casa de una amiga del trabajo. Ahí nos juntábamos unas cuantas para hacer el “pre” antes de la fiesta de fin de año del Banco.
A pocos metros de llegar a Cabildo, me entra un sms de Anto que rezaba “comprame un Phillip de 10, porfi”. Hasta acá podrían decir que todo normal. Sin embargo el contexto, los saberes previos o como quieran llamarlo casi me juega una mala pasada. En realidad, a mí no; a Anto.

La realidad es que leí el mensaje a las apuradas y cuando llegué al “comprame un Phillip” me detuve y mi cerebro entre sorprendido y desorientado pensó en un destornillador. No entendía nada. ¿Para qué diantres quería un destornillador? Dos segundos después me detuve en el “de 10” y ahí mis neuronas hicieron la sinapsis correspondiente y entendieron que se trataba de una caja de cigarrillos y no de un destornillador.
Imaginarán mi risa; en realidad sonrisa. No me avergüenza lo sucedido, simplemente concluyo que:
1. claramente no soy fumadora por eso no me decía demasiado la marca de los cigarrillos;
2. es evidente que me las arreglo sola; que en mi casa no hay un hombre pero sí una caja de herramientas y mucha voluntad de aprender a usar cada uno de sus componentes;
3. el contexto puede modificar sobremanera el resultado de una acción y ni que hablar de satisfacer los deseo de una persona.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Perfección vs. Satisfacción

Mi casa es – hoy por hoy – mi lugar en el mundo. Es mi hogar, mi oasis, mi reducto. Amo cada rincón, amo su color y su paz. Tiene todo lo que necesito: luz desde bien temprano en la mañana hasta casi casi la noche en todos y cada uno de los ambientes (Una a favor: la quita de subsidios no me va a afectar demasiado porque es poco lo que prendo las luces J).
El baño – al igual que el resto - satisface y excede mis expectativas. Es amplio, cómodo y tiene ventana. Eso es doble punto a favor: se mantiene ventilado (a veces, bastante más de lo que me gustaría, sobre todo en invierno) y tiene mucha luz natural.
Sin embargo, eso mismo me trae una paradoja interna. La ventana está sobre la pared de la ducha. La ducha tiene una cortina. Está bien que viva sola y que si voy al baño, raramente cierre la puerta pero todavía la cortina sigue firme en su lugar. Creo que más por vagancia a tener que secar el baño luego que por otro motivo.
En fin, volviendo al tema, éste es el dilema: si dejo la cortina plegada, no se aprecia lo linda que es y  además se ve toda la ducha, la colección inmensurable de botellas de shampoo, y enjuagues, productos varios de perfumería, y el tender (no demasiado santo de mi devoción pero la solución perfecta para un departamento de metraje reducido). Pero me permite tener luz solar casi todo el día. Esto es bueno no sólo por el tema de los subsidios mencionados previamente sino que es eco-friendly y además es la mejor luz para verme pelos, granos y canas o a la hora de maquillarme.
Por el contrario, si la cierro, no me veo ni las canas, ni los pelos, ni los granos pero sí siento que no veo nada y que estoy dentro de una lata de tomates, por poner un ejemplo. Uno podría alegar que es preferible esto y no tener que enfrentar la realidad. ¿Qué quieren qué les diga? Así y todo, prefiero verme las imperfecciones y los signos visibles del paso del tiempo (canas y el hecho de no ver bien a la hora de maquillarme) a tener un ambiente de la casa con poca (según mis parámetros) luz.


Después de un difícil e inolvidable 2010, aprendí y sigo aprendiendo que es mejor la satisfacción personal que la perfección. Ergo, un baño lleno de luz es preferible a uno inmaculado, perfecto y, para mi gusto, un poco oscuro.